sábado, 24 de septiembre de 2016

Maqueta de la Semana en la exposición Ars Mechanicae: acueducto de Sevilla

4ª MAQUETA DE LA SEMANA:
Acueducto de Caños de Carmona (Sevilla)

Parte de la maqueta del acueducto de Sevilla [Foto: MIHACALE]
La colonia romana de Iulia Hispalis se dotó lógicamente de una importante red de abastecimiento hidráulico. Formando parte de dicho sistema se construyó en el siglo I dC el primer acueducto que actualmente conocemos como “de Sevilla” o “de Caños de Carmona”, denominación esta última debida a localizarse junto a una de las puertas medievales de la muralla sevillana, precisamente desde donde partía una vía hacia la localidad de Carmona.

Detalle de la maqueta "pequeña" con el acueducto junto a la muralla [Foto: MIHACALE]
Por lo tanto, el acueducto que nos ocupa tiene un claro origen romano. Sin embargo, las primeras referencias documentales del acueducto no las tenemos hasta época almohade. Recordemos que en el año 1172 dC el califa Abu Yacub Yusuf conquistó Sevilla para fijar en esta ciudad la capital del Imperio Almohade, periodo de gran esplendor histórico y que ha quedado reflejado en obras monumentales como la Giralda. Por cierto que Yúsuf I fue derrotado en la batalla de Santarém ante los reyes cristianos Sancho I de Portugal y Fernando II de León, muriendo en dicho combate.

Puerta de la muralla y acueducto de Sevilla en el siglo XIX [Parcerisa]
Hablando de una ciudad andalusí como Sevilla, se hace evidente pensar en un notable uso del agua. Por ello, fue como decimos en el periodo almohade cuando se efectuaron una serie de cambios trascendentales en su abastecimiento hidráulico. Para entonces los restos del acueducto romano eran escasos; así, el cronista Sahib al-Sala habla de “huellas antiguas (…) de una acequia”, casi totalmente ocultas y que fueron desenterradas por mineros y obreros dirigidos por el ingeniero Al-Hayy Ya`is, recuperando su recorrido (en gran parte subterráneo) hasta alcanzar la fuente de las aguas en las inmediaciones del castillo de Yabir (Alcalá de Guadaira).

Restos del acueducto en la actualidad [Foto: Mariví Casado]
Tras dichos trabajos, el ingeniero  Al-Hayy Ya`is  procedió a la reparación y reconstrucción de los 17 Km del acueducto, para que volviese a abastecer a la ciudad de Sevilla. También lo modificó para adaptarlo a nuevos usos que por entonces se le dieron; por ejemplo, fue desviado para que parte del agua que llevaba llegase a los jardines del palacio de Bohaira o para dar movimiento a varios molinos harineros de rodezno (sobre todo en Alcalá de Guadaira).


Otra parte de la maqueta del acueducto de Sevilla [Foto: MIHACALE]
La parte más espectacular del Acueducto almohade de Sevilla fue su tramo elevado sobre la superficie, una acequia de ladrillo apoyada en arcos de medio punto con arquillos de aligeramiento entre los tímpanos. Son las partes que representan la maqueta que muestra la exposición Ars Mechanicae, ingeniería medieval en España.

Seguramente, la mayor aportación del ingeniero Al-Hayy Ya`is fue el establecimiento de un depósito distribuidor en el centro de la ciudad de Sevilla (actual calle Mayor). Conocemos incluso la fecha en que las aguas llegaron hasta este último punto: el 13 de febrero de 1172.


Civitates Orbis Terrarum, dibujo de Sevilla por Georg Braun y Frans Hogenberg (siglo XVI)
A pesar del transcurrir de los siglos, la obra constructiva del acueducto de Sevilla era tan potente que pervivió de manera notable. En el siglo XVI se observa perfectamente en el dibujo de la ciudad que realizaron Georg Braun y Frans Hogenberg para la obra Civitatis Orbis Terrarum. Pero incluso a mediados del siglo XIX seguía funcionando, pues en 1848 el Diccionario de Pascual Madoz lo describe con 410 arcos.


Detalle de la ciudad de Sevilla según Braun y Hogenberg (siglo XVI), donde se observa el acueducto de Caños de Carmona.
Se sabe que el acueducto se mantuvo en servicio hasta el año 1882. Con posterioridad, el abandono y el desarrollo urbanístico de la ciudad sevillana acabó con muchos tramos de esta magna obra de ingeniería, derribándose gran parte entre 1911 y 1912.


Derribo del acueducto en 1912, pese a la oposición de la Real Academia de la Historia [ABC]
Hoy apenas quedan algunas ruinas puntuales. Los restos más importantes se localizan en la calle Luis Montoto. Afortunadamente han sido restaurados en el año 2009.

Restos del acueducto en la actualidad [Foto: Mariví Casado]
La maqueta que esta semana centra nuestra atención en la exposición Ars Mechanicae, ingeniería medieval en España del MIHACALE de Gordoncillo consta de dos piezas: en la primera vemos recreados en madera los principales tramos que se conservan del acueducto, mientras que en otra vemos integrados sus restos actuales en la trama urbana de la ciudad de Sevilla. Ambas maquetas nos sirven para conocer esta gran obra de abastecimiento hidráulico, de gran importancia y muy desconocida en comparación con otros acueductos españoles. 

Maqueta "grande" del acueducto de Sevilla [Foto: MIHACALE]

Características de la Maqueta:
  • Denominación: Maquetas del acueducto de Sevilla o Caños de Carmona
  • Dimensiones: 
    • Maqueta grande: 2,00 m (largo) x 0,29 m (ancho) x 0,22 m (alto)
    • Maqueta pequeña: 0,59 m (largo) x 0,29 m (ancho) x 0,04 m (alto)
  • Escala: n/c
  • Materiales constructivos: madera, metal, plástico
  • Autor: Armarc Maquetas
  • Propietario: CEDEX-CEHOPU (Ministerio de Fomento)

Maqueta "pequeña" del acueducto de Sevilla en su trama urbana [Foto: MIHACALE]
Vista de los dos principales tramos del acueducto que se conservan en la calle Luis Montoto de Sevilla [Foto: Mariví Casado]

sábado, 17 de septiembre de 2016

Maqueta de la Semana en la exposición Ars Mechanicae: ferrerías medievales

3ª MAQUETA DE LA SEMANA:
Ferrerías hidráulicas medievales


Vista de la maqueta en la exposición de Gordoncillo (León) [Foto: MIHACALE]

Como tercera Maqueta de la Semana en nuestra exposición Ars Mechanicae, hemos elegido la que representa de un modo muy didáctico –al contar con movimiento– los elementos fundamentales de una ferrería medieval.

Digamos inicialmente que se entiende por ferrería al establecimiento donde se trasformaba el hierro desde su estado natural (mineral) a otro susceptible de uso en forma de utensilio. Para que lo entendamos mejor, ferrería sería sinónimo de siderurgia, lugar donde se funde, forja y moldea el hierro, no debiéndolo confundir con herrería que sería el lugar donde un herrero simplemente da forma al bloque de hierro para fabricar una pieza determinada (en este caso herrería es sinónimo de fragua).

Esta maqueta está concebida de un modo abstracto, de manera que podría representar a cualquier ferrería tradicional puesto que se muestran sus distintas partes en madera desnuda, sin detalles concretos. Sin embargo, la cartela indica que la pieza que nos ocupa está basada en la ferrería de Mirandaola.

Exterior de la ferrería de Mirandaola (Guipúzcoa) [Foto del audiovisual]


La Ferrería de Mirandaola se encuentra en el término municipal de Legazpi (Guipúzcoa). Abierta como museo desde el año 1952, la Ferrería de Mirandaola sigue ofreciendo visitas guiadas con demostraciones de los trabajos artesanales que allí realizaban los ferrones (trabajadores del hierro). Actualmente se integra en el Museo Territorio de Lenbur, un conjunto de instalaciones turísticas dentro del llamado “Valle del Hierro”.


Trabajo de los ferrones en el museo de Mirandaola [Foto del audiovisual]

Los fueros de la villa de Legazpi del año 1290 y 1335 ya hacen mención sobre la existencia de ferrerías en la zona, por lo que los antecedentes medievales están sobradamente documentados, lo cual no quiere decir que el edificio ni mucho menos las máquinas actuales de Mirandaola (mazo/martillo y barquines/fuelles) sean medievales; de hecho, podemos decir que son una reconstrucción inaugurada en el año 1952. Hablamos, por lo tanto, de tecnología medieval transmitida durante generaciones y que pervivió hasta los siglos XIX y XX, eso sí, con innovaciones y mejoras a lo largo del tiempo.


Golpeo del mazo o martillo pilón en la ferrería de Mirandaola [Foto del audiovisual]

La aplicación de la fuerza hidráulica al movimiento de los mazos está bien documentada en las ferrerías catalanas (llamadas allí fargas) entre los siglos IX y XIII dC, como bien ha estudiado Marta Sancho. Su extensión a los fuelles o barquines sería más tardía, en torno a los siglos XIV y XV dC. Estas cronologías sirven, grosso modo, para el resto de establecimientos siderúrgicos españoles.

Fuelles o barquines de la ferrería de Mirandaola (Guipúzcoa) [Foto del audiovisual]


Hasta el siglo XIX, podemos diferenciar básicamente dos ferrerías o siderurgias tradicionales en España, la vasca y la catalana. Su distinción únicamente afectaba al modo de inyectar aire al horno de fundición. Así, las fargas catalanas usaban para ello “trompas de agua” gracias al Efecto Venturi, mientras que las ferrerías vascas empleaban barquines o fuelles movidos por ruedas hidráulicas como vemos en esta maqueta.

Rueda hidráulica y barquines de la maqueta en la exposición Ars Mechanicae [Foto: MIHACALE]
 
Rueda hidráulica y mazo de la maqueta en la exposición Ars Mechanicae [Foto: MIHACALE]


La interesante pieza de la exposición “Ars Mechanicae, ingeniería medieval en España”, que se completa con un vídeo-documental de 5 minutos, muestra las dos partes mecánicas de una ferrería tradicional “a la vasca”. Por un lado (izquierda en la maqueta), el horno que sirve para fundir el mineral de hierro así como para calentarlo con posterioridad de cara a moldearlo; esta parte se mueve mediante una rueda hidráulica vertical que acciona los dos fuelles o barquines que airean continuamente el horno para avivar el fuego producido por la combustión de carbón vegetal. Este sistema de fuelles o barquines es anterior al catalán de trompas, el cual se data en el siglo XVI.

Y en el otro lado (derecha), otra rueda hidráulica vertical acciona un mazo o martillo pilón. Se trata en este caso de un gran árbol de levas las cuales levantan el mazo que al caer golpea con mucha fuerza debido al gran peso de su cabeza metálica, pudiendo así forjar o dar forma a la pieza de hierro caliente que se introduzca debajo. Gracias a una palanca o vara el ferrón podía regular la velocidad de la rueda hidráulica entre 20 y 30 giros por minuto, lo que suponía entre 80 y 120 golpes de mazo.


Sello postal del año 2002 sobre la Ferrería de Compludo (León)

Otro ejemplo en El Bierzo 
En la provincia de León también contamos con un establecimiento de similares características, la Ferrería de Compludo. Situada a 20 Km de Ponferrada, esta siderurgia tradicional está declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde el año 1968. Actualmente, tras su reparación y reapertura en 2015 puede visitarse (recomendamos concertar cita a través del teléfono 630137138).

Interior de la Ferrería de Compludo (León) [Fotos: Maribel Campillo]



El especialista en ferrerías bercianas, José Antonio Balboa de Paz, ha investigado el establecimiento de Compludo concluyendo que su historia no se puede remontar más allá del siglo XIX (ca. 1860). Sin embargo, la tecnología aplicada en la misma sí que tiene antecedentes medievales, como demostró la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando al estudiar la rueda hidráulica que sirve de motor al mazo, muy similar a la de Mirandaola u otros casos.


Rueda hidráulica en Compludo (León) [Foto del audiovisual]
Y es que, en la Ferrería de Compludo, como en todas las siderurgias tradicionales estamos ante una rueda hidráulica vertical de paletas (aquí vaciadas a modo de cucharas) y con un diámetro medio de 3 metros.

Este sistema se empleó en todas las fábricas siderúrgicas tradicionales españolas, tanto en las fargas catalanas como en las ferrerías vascas, cántabras, asturianas, gallegas o leonesas. Es importante destacar, como hace Balboa de Paz en su reciente tesis doctoral para el Noroeste peninsular (en la que, por cierto, documenta restos de 24 ferrerías en León, 47 en Lugo, 12 en Orense y 48 en Asturias), que entre los siglos XVI y XIX deben diferenciarse ferrerías mayores y menores, puesto que sólo las primeras fundían el mineral de hierro mientras que las segundas –comúnmente denominadas mazos o martinetes– se dedicaban a trabajar el hierro, estirándolo y dándolo forma, procesos que podían terminar en las fraguas, mucho más abundantes.

Gracias a esta maqueta podemos conocer como era una ferrería medieval, observando los trabajos que en ellas se realizaban, su tecnología y sus técnicas.

Maqueta sobre las ferrerías medievales en la exposición Ars Mechanicae [Foto: MIHACALE]


Características de la Maqueta:

  • Denominación: Maqueta de una ferrería
  • Dimensiones: 1,50 m (largo) x 0,51 m (ancho) x 0,62 m (alto)
  • Escala: n/c
  • Materiales constructivos: madera, cristal, metal, goma
  • Autor: Jiménez Maquetistas
  • Propietario: CEDEX-CEHOPU (Ministerio de Fomento)